sábado, 21 de marzo de 2020

5.- Ridículo.

 Aquella mañana nadie pudo hacerlo cambiar de parecer a Ivancito. Bajó a tomar el desayuno para ir al colegio y cuando sus padres lo vieron se quedaron perplejos. Su madre le aconsejó que se cambiara, ya que esa ropa no era la adecuada para el. Su padre, sin mediar palabra solo bajó la vista, negando con la cabeza en un gesto de resignación y escondiéndose detrás del diario, más preocupado por lo que pasaba en el resto del mundo.

Iván, que desde hacía unos meses había empezado a ir solo al colegio, camino las tres cuadras hasta llegar con una sonrisa. Los vecinos que se lo cruzaban lo miraban estupefactos. Algunos corrían la vista para evitar que el niño se pusiera mal y otros no despegaban los ojos de encima. Ninguna de las dos actitudes, sin embargo, hicieron mella en el chico.
Al llegar al patio de la primaria, la directora lo agarró furiosa de la mano amenazando con desenfundar alguna reprimenda. Ivancito comenzó a hacer como que iba a llorar y tomó ventaja de la situación. La mujer lo soltó de inmediato, invitándolo a que se formara en fila para el himno. Los primeros compañeros comenzaban a juntarse en grupitos observándolo y hablaban por lo bajo.
Una vez que entraron todos a clase, la profesora comenzó a pasar lista y al llegar a su nombre levantó la vista, quedando estupefacta. Fue entonces cuando toda la clase, a coro, rompió en carcajadas. Iván se unió a ellos, riendo aún más fuerte. Todos se callaron, asombrados.
- ¡Ridículos! - sentenció el pibe. - ¡Al menos a mí no me visten mis papás!

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