martes, 6 de junio de 2017

3.- A UN PASO DE LA MUERTE

Rumpel sabía que su sentencia de muerte estaba cerca. Como todo duende –los eruditos en la literatura fantástica sabrán esto- era un asiduo consumidor de alcohol, tabaco, estupefacientes y cualquier tipo de exceso. Sentía el frio aliento a azufre de la muerte correr por su espalda. Había sido condenado por el Tribunal Mayor por insano, tras alegar haber visto humanos por los límites del bosque. Todo duende sabe que los humanos son un invento de las abu...elas para asustar a los duendecitos.

Los primeros días luego de la sentencia, comenzó a sentir como todas sus cicatrices desaparecían hasta tornarse imperceptibles. Luego recuperó como nunca antes su estado físico y se optimizaron sus sentidos. Su amigo Kumpel lo notó especialmente animado a pesar de saberse cerca del fin. Las amistades que había cosechado y perdido a lo largo de su vida habían tocado a su puerta rogando perdón, a pesar de que gran parte de éstas fueran profundamente perjudicadas por el destrato o algún equívoco del pequeño ser. Perdonaron todas sus deudas y aquella noche Rumpel ofreció el mayor ágape que se recordara en todos los pueblos aledaños. Su casa se había llenado de gente magnífica. Aquellos que otrora lo habían ignorado y menospreciado, ahora entonaban lisonjas y rapsodias en su honor.

Siempre se había caracterizado de entre todos los habitantes de su comuna por un particular sentido del humor. Sin embargo durante aquellos días se lo había notado más sagaz y ácido que nunca; y aquello había desconcertado a toda la comunidad.

Faltando apenas minutos para el impostergable fin, cuando un leve movimiento de hombros lo separaba del frío filo de la hoja metálica, comprendió su terrible destino. Se sentía completamente bien y en paz consigo como nunca en su vida.

-Saludame a tu mujer- Se despidió con una sonrisa irónica del verdugo, antes de que la guadaña le rebanara el pescuezo.
B. K.


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