lunes, 5 de junio de 2017

1.- DEJA VU TRUNCO


El hecho de que Márquez fuera simplemente un escritor de ficción no le daba derecho a intervenir de manera impetuosa y hostil en la vida de su prójimo. Cuando le preguntaban por qué escribía sobre asesinatos y suicidios –ya que su especialidad era la narrativa policial – simplemente respondía aquello de que el escritor no es esclavo de sus personajes. Sin embargo soñaba incansablemente con que alguna de sus criaturas cobrara vida como el golem de barro de la mitología hebrea. Quizás aquello era lo único que lo mantenía con vida.

Esa noche se encontraba en la presentación de la nueva obra de un estimado colega. Su mirada como de autómata generaba escalofríos en aquellos cautos que sabían interpretar aquellas cosas. En sus ojos se advertía un mensaje tan directo como cruel. Sin embargo, su actitud era tan serena y despreocupada que pareciera reflejar una comodidad ingrata con la situación general. Márquez simplemente esbozó una mueca inquebrantable como de regocijo y levantándose ligeramente del público desapareció en la oscuridad de aquel 13 de Julio por la noche.

Media hora después apagó el cigarrillo en un charco que la irrespetuosa llovizna había formado minutos antes y agarró firmemente el mango que reposaba dentro del bolsillo derecho de su gamulán. Todo lo que pasó después fue vorágine e incertidumbre. Se escucharon dos tiros certeros, uno habría sido suficiente pero no quería dejar aquello librado al azar. Cuando los primeros efectivos llegaron y comenzaron a tomar declaración, el escritor –el que aún estaba vivo- declaró que todo había sido muy claro. El mandato había bajado como directo del cielo y se había apoderado de su ser esa misma mañana.

El oficial Juárez había sido amigo de la familia desde hacía años, sin embargo debía permanecer imparcial ante el hecho. Márquez narró aquel suceso, no sin antes aclarar en inútil defensa cuales habían sido los motivos. Durante la presentación se repitieron las imágenes aún más nítidas, como si se tratara de una película en cámara rápida.

Distinguió perfectamente los volúmenes de los cuerpos pertenecientes a su colega y su mujer debajo de las sábanas de la habitación. Podía precisar con lujo de detalle la hora y el día exactos, como si fuera un espíritu omnisciente. Distinguía a la perfección cada una de las prendas desparramadas por el cuarto. Miró incluso a través de la ventana que daba directamente sobre la Av. Santa Fe. Abajo, el tránsito brillaba por su ausencia, únicamente se distinguía un efectivo policial.

Juárez lentamente tragó saliva...

Márquez comprendió el error...

B.K.

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