Lunes de lluvia, vuelvo cansado en el 132 y de repente escucho, sentado a pocos metros de mi, a un hombre de imponente porte sosteniendo una conversación vía nota de voz de whatsapp. El hombre, de semblante serio escucha atentamente y sin expresión alguna el audio.
“Te quiero mucho Dan, quería saber si me ibas a pasar a buscar el sábado o domingo. Tengo una canción para cantarte si venís a verme el lunes en el acto”
“Si mi amor, te iba a pasar a buscar ahora, pero salí tarde del trabajo y pensé que ya ibas a estar dormida.”
“No te preocupes. Ahora, a dormir”
De repente, paf. Su cara cambia radicalmente, empiezo a advertir algunas cosas. Primero percibo como sus facciones se quiebran como grietas caladas por las cosas que duelen y no se curan. Veo sus ojos, cansados de noches en vela, llorando por una vida paralela, que pudo haber sido y no fue.
Pero amen de eso, veo lo que el debe estar viendo en este instante. Una casa en Flores con tres platos de comida caliente, una mujer a quien amar todos los días. Una hija, su hija, dándole un abrazo todas las mañanas y recibiendo las buenas noches al irse a dormir.
Veo un mal entendido, una llamada que debió atender el, pero que sin embargo atendió su mujer. Veo valijas en el umbral de esa casa, tarde a la noche de un 13 de octubre que por esas cosas del destino era martes. Veo risas los sábados por la tarde y veo llanto de uno solo aquel martes por la noche.
Por otro lado, veo a José, con 3 hermanos más que Dan. Lo veo artista, curioso, osado, inspirado. Lo veo obstinado, desobediente, agnóstico. Lo veo rebelde y fuera del margen. Lo veo dentro de las normas, hijo de embajador. Lo veo como no lo pude ver antes.
Lo veo de letras, lo veo de ciencia. Lo veo de todo porque lo veo inteligente como pocos. Lo veo Caballero, lo veo Knight. Lo veo haciendo, siempre, lo que le gusta.
Lo veo a José joven, desfachatado, lo veo aventurero. Lo veo en Bonn, Venecia. Lo veo en Madrid. Lo veo siempre en Madrid.
Lo veo conociéndola.
Lo veo, a José, sin dormir. Lo veo fumando en la puerta del hospital universitario de Madrid. Lo veo discutiendo con doctores como Quijote a los molinos. Lo veo consolado por la Doctora Arrabal. Lo veo suspirando la felicidad de cien infiernos sosteniéndome en sus brazos.
Lo veo, a José, sonriendo. Lo veo escuchándome decir “papá”.
Sin embargo no me veo, no me veo en la foto. Me desdibujo en la comparativa. Me desencuentro en la balanza del afecto. Me veo pocas veces dibujándole un “te quiero”. Me veo de pocos abrazos, de afecto disuelto.
Me veo dibujando igual que el, siempre, pero nunca con el mismo sentimiento. Me veo la sombra de el, pero orgulloso de serlo. Me veo leyendo ya no por el placer de leer, sino por las ansias de igualarlo. Me veo su estela, su capa, lo veo mi espada. Me veo defendiendo su humor en cada charla, en cada sobremesa con amigos, llevándolo como bandera.
Me veo a los 6 en la ortopedia Vallejos defendiendo su legado. Escuchando a un niño mórbido que jugaba conmigo en esa sala de espera. Escuchandolo hablar sobre su quinta en Pilar y respondiendo “y yo, tengo un Batman”. Veo a raíz de eso, seguramente, el amor por carácter transitivo al Comic.
Lo veo musical, lo veo Bee Gees, lo veo Saturday Night Fever.
Lo veo hijo ejemplar, me veo tan lejos. Lo veo amor de madre y padre, me veo tan lejos. Lo veo hermano de mas de 6, lo veo hermano de miles. Lo veo tan María, tan Octavio, tan Fabrizio, tan Marina, tan Hugo, tan Paulo… Lo veo tan todo.
Lo veo desperdiciado en 9 años, lo veo en llanto silencioso durante 13.
Lo veo fuera del ensueño, ahora si, a Dan, preocupado como yo por lo que no dijimos.
B.K.