martes, 7 de abril de 2020

25.- Cuestión de piel.

 Cuando el matrimonio Moore murió en aquel trágico accidente automovilístico, Duncan Walker no tuvo más opción que apadrinar al joven. Dion Moore y su esposa Ayana habían trabajado para la familia Walker durante décadas y el afecto mutuo no permitía a Duncan, bajo aquellas circunstancias, dejar a su bebé desprotegido.

Ante la inminente llegada, Walker había mandado todos los espejos de su hogar al sótano, en un inocente intento de ocultar al joven aquello que los diferenciaba. Al abrir la puerta, la conexión fue inmediata. Parecía que se conocían de toda la vida.
Laurence creció como un niño tranquilo y de un excepcional sentido del humor. Sin embargo, algunas tardes veía a su padre llorando en la sala, con una foto de una pareja desconocida apretujada entre sus manos. Una noche, el niño se escabulló hasta el despacho del padre y tras revolver todos los cajones del escritorio, retiró la magullada fotografía. La inspeccionó cuidadosamente. Una enamorada pareja de piel oscura le sonría con unos enormes dientes blancos como el marfil. Un retorcijón en el estómago de Laurence lo tomó por sorpresa, apoderándose de él. Esa pareja feliz era la causante de los tormentos de su padre, la única persona que tenía en el mundo.
Poco a poco fue desarrollando un odio racista injustificado, no podía siquiera encender el televisor de la sala por si aparecía en la imagen una persona de color. Duncan, sin embargo, no era capaz de advertir aquello. Alguna vez había presenciado destellos de las extrañas reacciones de Laurence, como aquella tarde en la que se encontraban viendo una película de guerra y ante la aparición de un afroamericano, el joven apagó el televisor enfurecido y se fue de la sala.
Pero todo cambió esa tarde en la nueva escuela. Al salir al patio de recreo, Laurence advirtió como un grupo golpeaba a un niño indefenso. Se acercó preocupado a la ronda, con cautela. Observó a la víctima, su piel era oscura. Súbitamente su actitud dio un vuelco radical, pasando de la preocupación a la arenga y sumándose a la golpiza infundada. El joven comenzó a proferir una caterva de insultos racistas, reproduciendo cosas espantosas que había oido en la televisión. Los demás jovenes paulatinamente detuvieron sus patadas para mirarlo, interpretando aquello como una burla. Incluso la víctima de la golpiza lo miró con los ojos desorbitados y extrañado.
Instantáneamente el foco de atención se centró en él, direccionando todas las agresiones a su persona. Fue tan sorpresivo el cambio que no tuvo tiempo de escapar, ni siquiera llegó a reaccionar para defenderse de los primeros golpes. Tras unos minutos, la paliza mermó. Magullado, la directora los llevó a él y a los agresores a dirección.
El camino a pie de Duncan y Laurence fue silencioso. Agarrados de la mano, ninguno de los dos dijo nada las cinco cuadras hasta llegar a la casa. Una vez dentro, Laurence bajó al sótano para estar solo por primera vez en su vida. Duncan esperó paciente en la sala, mientras escuchaba uno a uno el crujir de los escalones, contando los minutos, con la garganta seca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Un millón de óperas primas

Te invito a ver desde lo alto todo lo que hicimos. ¿Qué opinás, Edrien? Miralo, contemplalo, pero no lo hagas con la mirada humana que todo ...