viernes, 10 de abril de 2020

27.- Rimel en los codos.

 La vida nunca fue fácil para Sabrina. Quiso ser enfermera, pero los apuntes cada vez fueron más dificiles de comprar. Tuvo que buscar nuevos caminos, nuevas formas de curar.

Sus horarios no le permiten tener una familia. Los chicos suelen ser más demandantes por las noches. Tampoco puede comenzar una relación, no es fácil que empaticen con su trabajo. Cuando Sabrina escucha a sus amigas quejarse de sus jefes, se dibuja en su boca una media sonrisa que no es de felicidad, sino de nostalgia y amargura como el café sin azúcar. Ellas no conocen el infierno.
Su cuerpo solo es suyo por momentos. Su alma se fue en falsos jadeos hace mucho tiempo. Quiere volver a creer en algo, o en alguien. Pero la fe solo está en las estampitas.
La calle hoy estuvo difícil, más de lo que siempre está. Cada día cuesta un poco más que el anterior. Piensa en esto, agarrándose con las manos el pelo morocho, intentando que no le caiga en la cara para que no se manche mientras las lágrimas le caen por los brazos, llenándola de rímel en los codos.

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