Cuando el encargado del edificio subió las escaleras de emergencia para comenzar el aseo diario de los núcleos, se llevó una sorpresa que jamás olvidaría en su vida. El cadáver de Gabriel Acosta, propietario del segundo “A” y jefe de consorcio desde hacía diez años, yacía sobre el rellano de la escalera cubierto de sangre. Alarmado, salió hacia el acceso de seguridad del tercer piso en busca de algún oído que pudiera escuchar su testimonio a modo de descargo.
La segunda persona en ver el cadáver fue Mari, la señora del tercero “C” que vivía únicamente en compañía de tres gatos. Cuando el encargado llamó a su puerta la señora abrió con cierto recelo y temor. Sin quitar el seguro, asomó su ojo derecho por la rendija de la puerta preguntando quién era.
- Mari, disculpe las molestias. Le habla el encargado, hay un temita… Necesito que salga un segundito.
// Dicen los vecinos que no saben quién fue, la señora Mari asegura que el encargado avisó de lo ocurrido a las seis de la mañana. Fueron a ver el cadáver y minutos más tarde apareció Claudia, una chica que vive con una amiga en el quinto "B". //
Bajando con un equipo deportivo y auriculares por las escaleras de servicio, apareció Claudia. Todas las mañanas salía a correr a la plaza de enfrente antes de ir a la facultad. Debido a sus horarios y a la poca relación que tenía con sus vecinos, poco sabían Mari y el encargado de ella.
Miró horrorizada el cadáver que yacía enfrente de ella, obstruyéndole el paso y soltó un grito ahogado mientras sus ojos comenzaban a humedecerse. Comenzó a temblar incontrolablemente hasta que Mari le pegó un grito seco:
- Nena... ¡Nena! ¿Vos sos la chiquita del quinto "C", no? ¿Estabas estudiando medicina, verdad? - preguntó la vieja con un tono seco y apagado.
- Bueno... Recién estoy empezando las prácticas...- respondió la joven intentando evadir el tema.
- Suficiente entonces... Tomale el pulso a ver si está vivo. Vení, vení...
Claudia se acercó al cadáver aún con el estómago revuelto y le tomó la muñeca derecha por unos segundos hasta dar la inevitable y previsible sentencia final.
// Luego, según aclara Claudia, entró Horacio el dueño del cuarto "D". Un hombre robusto, de aspecto escandinavo. Comentan que por las noches es común oírlo golpear un saco de boxeo. El encargado declaró también que recuerda haber ido a dejar unas boletas a su unidad y haber visto sobre una mesilla al costado de la puerta un revólver 38' descargado. //
Horacio irrumpió en la escena desconsolado, llorando desgarradamente y se arrodilló junto al cuerpo sin vida de Gabriel. Mari, Claudia y el encargado lo miraban extrañados. Él levantó la vista y aún con la voz agitada confesó:
- Lo amaba... Nos amábamos... Me prometió que la dejaría. Esa hija de puta lo debe haber matado. Estoy seguro. Seguro...
// Horacio declara con seguridad que la culpable fue Dora, esposa y copropietaria del departamento del difunto. Dos hijos, ambos se encontraban camino al colegio a la hora del crimen.//
Dora apareció con lentes negros en la escena y miró con una extraña paz el cadáver de su marido. Esquivó el cuerpo con gracia y docilidad y se detuvo detrás de los presentes con una mirada de repulsión difícil de ocultar.
- ¡Hija de puta, fuiste vos! - la increpó Horacio.- Lo tenías todo pensado y ahora tenés el descaro de bajar con lentes como la viuda desgraciada...
- No saben el sol que hace afuera...- replicó monótona Dora.- Horacio no caigo aún, bajar y encontrarme con ésto... Creeme que me duele más a mí que a vos...
// Dora alega haber comenzado una relación extra matrimonial con Justo, propietario del sexto "E". Sostiene que ambos comenzaron su relación luego de que ella se enterara de lo de Horacio. Sin embargo jura no saber quién puede haber cometido el crimen.//
Justo salió del ascensor con un jersey atado al cuello, lentes oscuros y una pulcritud envidiable. Se sorprendió al encontrar tanta gente, pero incitó a Dora a abandonar la escena:
- Bueno, veo que hay una reunión de consorcio y nadie me notificó.- soltó con una risa irónica que se transformó en una mueca de desagrado al ver el cadáver.- Dora, vamos que llegamos tarde al golf querida... Voy a vomitar...
// La policía llegó inmediatamente después, reuniendo en el hall de planta baja a los seis testigos indirectos. Se les tomó declaración por separado y ninguno pudo dar un cabo suelto del cual tirar. Dicen los vecinos que ninguno fue, pero tampoco saben a quién culpar...
- ¿Qué es esto, Galotti? ¿Fuenteovejuna? ¡Quiero un culpable y lo quiero ya, me cago en todos sus muertos!
- La causa estaba por cerrarse caratulada como suicidio... si quiere la reabrimos...
Luis llevaba diez años como encargado de aquel edificio sobre Scalabrini Ortiz, sin embargo nunca había presenciado un episodio igual. Volvió a su pequeña unidad de planta baja tras despedir a los forenses que se llevaron el cuerpo y limpiar la sangre del pasillo. Luego de tomar una ducha se dispuso lentamente y con sumo cuidado a limpiar con un trapito húmedo la sangre del cuchillo, mientras miraba con nostalgia la foto de Horacio.
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