miércoles, 1 de abril de 2020

18.- Cada vez más lejos de Bresalia.

 Durante toda su vida adulta, Thomas Cunninham había buscado un lugar que en los manuscritos de su difunto padre era nombrado como Bresalia. Según narraba, allí se encontraba la respuesta a todo y las preguntas que aún nadie había formulado. Dejaba también documentado allí que aún no había podido llegar, pero que para hacerlo, quien quisiera, debía despojarse de todo tipo de prejuicios y concepciones. Quien quisiera llegar solo podría hacerlo con el alma liviana.

Lo cierto es que el joven no tenía mayor información sobre la tesis de su padre. Carecía de documentación que validara la existencia física de aquel lugar, salvo por aquel diario. Sin embargo, con el correr de los años fue obsesionándose cada vez más con aquella tierra prometida. A tal punto de vender todos sus bienes, embarcándose en una odisea que lo llevó por todos los continentes.
Fue recién en su lecho de muerte, intentando recordar un cuadro que jamás había visto en su vida, que Cunninham pudo verlo claro. Frente a él se abrieron como invitándolo pasadizos insondables, calles jamás profanadas por la huella humana y construcciones que escapaban a la lógica. Supo entonces que el único mapa para llegar a Bresalia era una hoja en blanco.

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