miércoles, 7 de junio de 2017

5.- VERSUS

El juego era tan simple como macabro. Consistía en abandonar primero, sin embargo presuponía un inmenso coraje que hasta entonces era incapaz siquiera de alquilar y me quemaba las manos. Ella, sin embargo, estaba armada hasta los dientes con una justicia por mano propia que sometía al más mínimo de mis actos; y una paciencia como de estatua viva que acalambraba a voluntad sus sentimientos y la convertía en una máquina autómata.

Fue por eso que ganó aquella tarde. Nos dijimos adiós a la vez, sin embargo mis palabras tardaron meses e incluso años en cobrar sentido. Entonces calaron en lo más profundo de mis huesos y me di cuenta que estaba vacío como un globo lleno de nada.

Sentí brotar toda la porquería que había estado acumulando dentro de mí por años que ahora parecían siglos como si fuera una cloaca atascada. Un manantial de desperdicios que rebalsaba a borbotones por cada uno de mis poros. Me sentí sucio, inferior. Me sentí en parte el problema.

Retrocedí sobre mis pasos minuciosamente intentando encontrar el error, la mínima grieta en aquel plan que hasta el momento era perfecto, que había ocasionado la eclosión. Por qué lastimamos lo que queremos y nos arrepentimos al perderlo. Por qué las personas son tan cercanas a los animales, instintivos, y sin embargo se creen superiores. Somos a fin de cuentas la misma cosa pero con la capacidad de refregarnos unos a otro lo superiores que nos creemos.

Aquella noche, cuando la cerveza ya había hecho de las suyas para eliminar aunque fuera por un instante, un breve paréntesis de horas, el vacío que me carcomía las entrañas, entendí que quizás el error había estado justamente ahí. En no haber hecho nada, ni bueno ni malo, durante todo el último tiempo que estuvimos jugando a querernos.

Malgasté lo que me quedaba de dinero en más alcohol, como tratando de tapar una represa con una carilina, hasta olvidarme de mi nombre. Sin embargo aún no podía borrar aquella mancha en las paredes dentro mio. Recordaba las palabras resonando como tambores que cada vez se hacían más y más intensos.

Comprendí que ya no habría más canciones por escuchar, más vacaciones por planear, ni más libros que leer. Por lo menos en ese universo en el que me había sumergido y malacostumbrado. Si, quizás habría más canciones, vacaciones y libros pero con otra, u otras mujeres a lo largo de mi vida. Pero jamás volvería a aquellos puntos específicos del destino que por un infame error había decidido saltear.

Retumbaban ahora como si fuera mi propia conciencia, con la fuerza de mil planetas chocando entre si, las palabras que me dijo antes de cerrar la puerta de mi cuarto y despedirse de mi vida y mis miserias para siempre. Comprendí que había ganado el juego, mucho antes de que le pidiera la última revancha aquella noche:

“No sabés estar solo”
B.K.

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