Salgo de ese lugar, camino solo por caminar hasta llegar a alguna parte o quizás no, quizás no llegue a ninguna parte pero por lo menos sabré que sufro con olor a algo, algo que no sé bien que es pero me hace tan bien, tan bien como caminar sin un rumbo fijo.
Arriba llueve, arriba llueve y acá también, me rectifico, arriba las señoras cuelgan la ropa preocupadas por la demora imperceptible de segundos condenados, que atrasan a sus maridos en la llegada al hogar. Y bien sabemos que los segundos son al tiempo lo que las hormigas a la comida en un patio, o en un lugar así. Llueve, y yo rio por saber que no es más que agua y que algún día va a acabar, y que cuando acabe vamos a estar todos pendientes y ahí te quiero ver. Sin embargo, veo como todos se refugian bajo los toldos, como pelean por entrar en el paraíso seco de 2 x 2.
Las personas, ven a los perros (que no son muchos, pero que aunque sean uno sorprenden en estas circunstancias) tirados bajo el agua y piensan en que estúpido es el animal y cuan superiores somos los humanos, raza de reyes, emperadores, profetas, pero también de políticos y corruptos.
Todo y nada en nuestras manos, que macana.
A su vez el animal piensa cuan inferiores somos nosotros, que nos jactamos de fortaleza, inteligencia y superioridad; pero sin embargo le tememos a unos cuántos átomos de hidrógeno y oxígeno ordenados en forma mágicamente aleatoria y ordenada a la vez. Mientras sigo caminando, solo por caminar (hasta llegar a alguna parte o quizás no, quizás no llegue a ninguna parte pero por lo menos sabré que sufro con olor a algo, algo que no sé bien que es pero me hace tan bien como caminar sin un rumbo fijo) las nubes se decoloran y vuelven a algodonarse en perfectas almohadas de mullido blanco. Mientras eso, los perfectos estúpidos que conquistaban toldos al resguardo de la nada vuelven a las calles pululando superioridad. Volvió la raza madre, volvieron los invencibles.
B.K.
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