miércoles, 18 de marzo de 2020

2.- Pandemia

Todo comenzó con la levedad de un estornudo. La primer persona, la patada en el medio campo que desencadenó aquel partido, pasó desapercibida con la inocencia propia de los niños. Hasta ahí, no había culpables. Todo el mundo seguía sumido en el contrato tácito de que vos tenés el derecho de estornudar y la obligación de taparte la boca por cuestiones de decoro. Pero como todos sabemos, desde que el mundo es mundo los contratos están hechos para romperse.
Comenzaron a haber culpables, en todo caso, en los ejemplares posteriores. Como un dominó de piezas que se tropiezan por boludas, cayeron exponencialmente cada vez mas fichas. Dos, cuatro, dieciséis... Las únicas potencias relevantes a nivel mundial, resultaron ser las aprendidas en la temprana adultez, para poder dimensionar la anomalía de la pandemia.
De a poco, los países comenzaron a cerrar sus puertas al vecino. El Norte, intentando demostrar una empatía desmedida como el marido arrepentido con el ramo de flores. El Sur, siguió jugando en el baldío al 5 contra 5 haciendo oídos sordos a mamá, que lo llamaba a comer. Europa, siempre mas experimentada, intentaba aconsejar de buena fe como el abuelo al que lo toman por boludo los nietos aunque vivió demasiado.
El concepto de cuarentena se extravió en los diccionarios entre las palabras que definían vacaciones. Únicamente comenzó a respetarse la medida cuando, como último manotazo de ahogado, los gobiernos sacaron los datos del smog de las calles. Ahí sí, fue imperante volver a casa para poder conectarse con el mundo a través del abono mensual.

BK.

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