martes, 5 de diciembre de 2017

25.- YO TENGO UN BATMAN

Durante toda mi infancia tuve dos heroes. El primero era la persona mas inteligente que conocí, ávido lector, sagaz, ágil y a pesar de no tener ninguna habilidad superhumana podía (a mi infantil entender) contra cualquier cosa. El segundo era Batman.

Desde chico siempre me generó incomodidad el trabajo de mi viejo. Cuando mis amigos me preguntaban, me resultaba tan ajeno decirles que dibujaba. Lo irónico es que compartiéramos aquella pasión que por entonces... le negaba como oficio.

Con el tiempo fui asumiendo aquello, caratulándolo en un afán de solemnidad como humorista gráfico. Seguramente esto se debió a que por entonces el me presentó a su amigo de tinta, como solía llamarlo.

Ya durante mi infancia me prestaba temerosamente ediciones de Hamburgo de los números mas recientes de Detective Comics. A medida que fui creciendo, creyó prudente que pudiera ponerle palabras a aquel sujeto vestido de murciélago que deambulaba por las cornizas de los edificios y me fue acercando re-ediciones nacionales.

En un principio no lograba entender bien cual era la gracia de aquellas historietas, la fórmula era siempre la misma. Había un conflicto y el bueno en un pleno estadístico ganaba. Pero todo cambió cuando me regaló "The Killing Joke". Ahí empezó mi madurez.

La fórmula había cambiado, el paradigma se había roto en infinito. "Basta un solo día malo para que el hombre mas cuerdo pierda el juicio" sentenciaba el guasón en una de las páginas de aquel documento cuasi histórico. Ni los malos eran tan malos, ni los buenos tan buenos. Aquellas páginas eran la vida misma.

Descubrí en aquel murciélago la fuerza de voluntad. No hacían falta rayos por los ojos, ni velocidades extraordinarias. Simplemente viveza y saber imponer respeto.

Una tarde de mis seis años, en una de mis habituales visitas a la ortopedia Vallejos por el pie plano, me puse a jugar con un chico que tenía aproximádamente mi edad. Respondió a mi saludo inicial con la frase "yo tengo un country en Pilar, vos?".

Miré mi mano y lo vi. El caballero oscuro.

"Yo tengo un Batman" respondí.

Quizás, el peor error de mi padre fue haberme mostrado al caballero de la noche. Haber realizado inconcientemente el arrojo de abdicar a lo mas preciado que tiene un padre, que es el respeto y la admiración de su hijo. Haber, siquiera por un instante, apostado todo su potencial al poker imaginario de mis voluntades. O quizás no, conociéndolo en el poco tiempo que pude, elijo creer que las cartas estaban marcadas y que tenía la mano ganadora. El sabía que ese podio no se lo quitaría nadie, por mas capa que tuviera.
B.K.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Un millón de óperas primas

Te invito a ver desde lo alto todo lo que hicimos. ¿Qué opinás, Edrien? Miralo, contemplalo, pero no lo hagas con la mirada humana que todo ...