martes, 5 de diciembre de 2017

23.- LO MALO DE LOS REALITYS

Resulta que donde yo vivo existe un reality que lleva al aire varias generaciones. Según entiendo, consiste en meter en una isla a un grupo de aproximadamente quince personas. Siempre se proclaman dos líderes, uno alfa y otro beta. Sin embargo, uno de los dos suele tomar el mando verdaderamente.
Son contadas las veces que ocurren anomalías, aunque me contaron que hace un par de ediciones ocurrió una. Un grupo cerrado se autoproclamó fuera del libreto como líder alfa, tomando el poder por las armas, hasta que el beta logró finalmente derribarlos.

Pero hoy voy a hablar de la edición que tuvo relevancia en mi generación. Ocurrió por primera vez en el formato que la líder alfa electa fuera una mujer, Carolina. Decidida, inteligente, locuaz, pero también verborrágica y con ciertos aires de grandeza que no a todos agradaba. En la otra costa de la isla se encontraba Marcos, un tipo de guita que había decidido meterse en el reality con la intención de expandir el producto y comprar otra isla. A pesar de que también era inteligente como su colega, carecía del carisma y el ímpetu de la primera. Su flaqueza lo desacreditaba como líder generando descontento en los espectadores. Los adeptos a la alfa detestaban al beta y viceversa.

Como en todas las versiones del programa, surgían incipientemente otros personajes que alimentaban a la fauna del reality dándole variedad a los espectadores. En mi edición, algunos de los más relevantes eran Nazareno, un joven idealista que proponía distribuir los cocos para que, sin importar el esfuerzo o desempeño de los participantes, todos pudieran tener la misma cantidad. También estaba Liliana, una chica un tanto excedida de peso que siempre decía lo que pensaba, a pesar de que muchas veces cambiaba rápido de pensamiento. Su frontalidad muchas veces la había hecho pasar malos tragos y le costó mucho hacerse lugar en el panorama de popularidad de la isla.

Dentro de los alfa de Carolina estaba Armando, un músico frustrado devenido en mano derecha e Ismael, un deportista que quedó en el olvido. Sin embargo, el carisma de ambos distaba años luz de su líder. Por el lado de los beta, Graciela y Mariela. La primera era la mano derecha de Marcos y la segunda tenía un optimismo que muchas veces resultaba irritante.

No todo marchaba bien en la isla, y los espectadores se quejaban continuamente. Pero parecía que los reclamos no lograban traspasar la pantalla. Los protagonistas jamás se enteraban de lo que el público quería y seguían las estrategias que se habían trazado. A nadie le importaba el rating, ni que tanto gustaba el programa. Lo único que les interesaba era el poder.

Como en todas las ediciones, sucedieron episodios trágicos que tocaban al público y hacían arder los teléfonos del estudio de televisión. Una vez, las balsas destinadas a la pesca se rompieron, por culpa de la negligencia de aquel que había sido designado carpintero, generando muchas víctimas. En otra ocasión, un joven que reclamaba lo que a él le parecía justo, estuvo ausente de la pantalla durante mucho tiempo y lo que se terminó sabiendo de él fue incierto.

Como en cada versión, que salía al aire cada cuatro años, la isla terminaba siendo un pandemónium y prendida fuego. Sin embargo al terminar cada edición venía producción y pagaba los platos rotos para que hubiera una próxima vez.

Lo malo de los realitys, como este, es que reflejan la realidad. Y no siempre la realidad es una sitcom de comedia en el prime time, muchas veces el programa es telebasura.

B.K.


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