lunes, 4 de septiembre de 2017

16.- ENFERMAR DE DUDA METODICA

Abrió los ojos y contempló los mechones despeinados que le caían sobre la frente y se precipitaban como chaparrones húmedos de lluvia sobre sus ojos. Quizás todo había sido un mal sueño, una pesadilla más que con el correr del día terminaría olvidando.

Sin embargo, cuando bajó las escaleras, dirigiéndose al comedor y la cocina, comenzó realmente el calvario del sinsentido y la duda. Cada escalón que pisaba era un grito imperante reclamando certezas que nunca llegarían. Estaría realmente pisando aquella áspera madera con sus pies todavía descalzos, o todo eso era una alucinación, una de las tantas trampas que le jugaba su mente en el engaño colectivo al que llamamos vida? El chirriante sonido de las tablas que entraba y colmaba sus oídos, acaso sería el transcurrir de las ondas chocando con las paredes de aquella casa o simplemente un ilusorio playlist cuidadosamente ordenado para activarse ante determinadas situaciones "sonidodeescalón.mp3" que alguien quién sabe donde accionaría cuando fuera preciso.

Al untar la manteca en las tostadas a medio quemar (debido al arrebato causado por un cuestionamiento previo acerca del accionar de la tostadora) se percató del brillo del producto al pasar del estado sólido al liquido, entrando en contacto con la tibia superficie de la rebanada de pan. Aquella imagen colmó sus ojos, sería acaso el gusto salado de aquella combinación otra de las tantas trampas tendidas en su camino? Una cabriola más del destino para demostrar que no somos superiores a nada?

Decidió tomar un sorbo de café, para contrarrestar aquel sentimiento de vacío con algo aún mas amargo. Pero al levantar su taza se percató de la inscripción. Su nombre se erguía en letras de un azul intenso profanando el blanco puro de aquel objeto. Inspeccionó cada letra con cautela, con la fría pericia de los detectives que tanto había leído durante su infancia. Analizó la sonoridad de cada una de ellas por separado, y luego el conjunto. Por qué tenía ese nombre? Se reconocía acaso detrás de aquellas letras que había sido obligado a usar como escudo ante el mundo durante toda su vida? Su boca se empastaba cada vez mas al tratar de pronunciarlo. Pensó en el nombre de todos sus seres queridos, sorprendiéndose al no poder vincular los rostros con las palabras que los nombraban. El significado había quedado huérfano de significante. Sintió un vacío horrible. Pero al menos era lo único verdaderamente suyo.

Decidió finalmente faltar al trabajo. Resolvió inútil llamar e informar acerca de su ausencia ya que probablemente aquel lugar sería otra ilusión vacua de la maquinaria mayor. Otros tantos piolines del titiritero detrás de la cortina.

Se recostó en la cama que apenas unas horas atrás había sido testigo de su nuevo renacer, dudando aún si estaba levitando en el aire dentro de una simulación o si realmente aquel colchón estaba soportando su peso. Para dormirse y quizás, al cerrar los ojos, volver a sentirse verdadero. Al menos hasta mañana.

B. K.

lunes, 26 de junio de 2017

15.- MENTIRAS BLANCAS - SINOPSIS


Tirso es un joven huérfano que vive en Buenos Aires, Argentina. Escéptico, irónico y muy inteligente para su edad. Quizás, demasiado. Cuando un extraño se presenta en el orfanato, las concepciones que tenía acerca de la sociedad, la justicia y la verdad se derrumban.

Descubrirá que una empresa multinacional intenta derribar los eslabones intermedios en la sociedad, la clase media, con métodos fuera de las normas éticas: involucrar a jóvenes con capacidades superiores a través de la enajenación, con el fin de disolver los lazos afectivos de las familias trabajadoras, para así poder controlarlas libremente.

Los intrincados ideales de la organización se entrelazarán con un pasado desconocido y cada vez más borroso, en la lucha del joven para subsistir bajo la mira de una revolución tiránica.

 En este mundo no todo es blanco o negro, abundan los grises. ¿Hasta dónde somos capaces de mentir?
B.K.

martes, 20 de junio de 2017

14.- LOS INVENCIBLES (2011)


Salgo de ese lugar, camino solo por caminar hasta llegar a alguna parte o quizás no, quizás no llegue a ninguna parte pero por lo menos sabré que sufro con olor a algo, algo que no sé bien que es pero me hace tan bien, tan bien como caminar sin un rumbo fijo.

Arriba llueve, arriba llueve y acá también, me rectifico, arriba las señoras cuelgan la ropa preocupadas por la demora imperceptible de segundos condenados, que atrasan a sus maridos en la llegada al hogar. Y bien sabemos que los segundos son al tiempo lo que las hormigas a la comida en un patio, o en un lugar así. Llueve, y yo rio por saber que no es más que agua y que algún día va a acabar, y que cuando acabe vamos a estar todos pendientes y ahí te quiero ver. Sin embargo, veo como todos se refugian bajo los toldos, como pelean por entrar en el paraíso seco de 2 x 2.

Las personas, ven a los perros (que no son muchos, pero que aunque sean uno sorprenden en estas circunstancias) tirados bajo el agua y piensan en que estúpido es el animal y cuan superiores somos los humanos, raza de reyes, emperadores, profetas, pero también de políticos y corruptos.

Todo y nada en nuestras manos, que macana.

A su vez el animal piensa cuan inferiores somos nosotros, que nos jactamos de fortaleza, inteligencia y superioridad; pero sin embargo le tememos a unos cuántos átomos de hidrógeno y oxígeno ordenados en forma mágicamente aleatoria y ordenada a la vez. Mientras sigo caminando, solo por caminar (hasta llegar a alguna parte o quizás no, quizás no llegue a ninguna parte pero por lo menos sabré que sufro con olor a algo, algo que no sé bien que es pero me hace tan bien como caminar sin un rumbo fijo) las nubes se decoloran y vuelven a algodonarse en perfectas almohadas de mullido blanco. Mientras eso, los perfectos estúpidos que conquistaban toldos al resguardo de la nada vuelven a las calles pululando superioridad. Volvió la raza madre, volvieron los invencibles.

B.K.

domingo, 18 de junio de 2017

13.- CON EL DIARIO DEL LUNES

Cuando Sebastián dio el primer sorbo del mismo café monótono e insípido de siempre aquel día, jamás se imaginó que el destino iba a knockearlo sin dar aviso. Al salir de su edificio, en un rincón del palier, encontró un libro desgarbado y de aspecto muy extraño. Parecía una libreta sumamente antigua, tanto la tapa como la contratapa estaban descascaradas. Las hojas a punto de convertirse en polvo, amarillentas y sucias. Desprendían un fétido olor que recordaba a mil cosas, sin embargo no se podían llegar a precisar con exactitud.

Comenzó a recorrer una a una las delicadas páginas de aquel extraño documento con una cautela y respeto propios de un cirujano. Las palabras que allí se leían estaban plasmadas en el papel con una delicadeza admirable y a su vez generaban un escozor en la espalda al leerlas. Pareciera como si hubieran sido escritas por el asesino más macabro del planeta. Lo que no se imaginaba aquel hombre era que el dueño de aquellos párrafos sería mucho peor que eso.

Cada una de las hojas contenía una cruel sentencia, con lujo de detalle, y al final de ellas una firma que rezaba: Mortimer. Los escalofríos en la espalda de Sebastián se intensificaban cada vez más a medida que su mirada iba recorriendo cada palabra de aquellas macabras oraciones. A pesar de su simpleza y contundencia en cuanto a redacción, cada oración parecía un maleficio demoníaco.
Antes de comenzar cada sentencia Mortimer se había encargado de separarlas, hoja en blanco de por medio. Había puesto además señaladores con los nombres y apellidos de las víctimas. Al comenzar cada sentencia había una breve descripción de los actos en vida de cada personaje. Entre aquel catálogo tan particular se encontraban nombres de asesinos célebres, torturadores e incluso políticos de todo el mundo. Sebastián comenzó a temer cada vez más, porque se percató de que el propietario de aquella agenda mortal no era un bebé de pecho.

Revisando las páginas algunos nombres le comenzaron a hacer ruido, eran parientes lejanos. Tatarabuelos, bisabuelos e incluso pudo llegar a leer el nombre de su abuela materna. Sintió pavor ante tal revelación y el diabólico objeto resbaló de sus manos y cayó al piso. Comenzaba a alterarse, ya no por la finalidad de aquel cuaderno, sino porque su abuela materna había muerto hacía apenas unos días en la tranquilidad de su hogar, profundamente dormida. Por curiosidad comenzó a leer la información que en aquellas hojas se detallaba y encontró que varias situaciones de su vida estaban milimétricamente detalladas a la perfección. También encontró detalles de la infancia de su madre que el mismo desconocía.

Temía dar vuelta la hoja, ya que ésta develaría el posible –y cada vez más preciso- final de sus padres. Sin embargo, la curiosidad mató –justamente- al gato y no tardó en quebrar su propia voluntad en busca de más información, detalles más minuciosos y escabrosos del futuro de sus seres amados. Al advertir sus inevitables destinos comenzó a llorar desconsoladamente.

Acto seguido apareció detrás de él un hombre delgado, de aspecto muy refinado y pelo completamente blanco. Tenía barba y bigotes prolijamente recortados que recordaban a un mosquetero y estaba vestido con las mejores marcas del mundo. Sebastián se sobresaltó al advertir su presencia tras de sí.

- “Buenos días, estimado. Mi nombre es Mortimer, creo que encontró mi agenda personal…” – Se presentó aquel sujeto inquietante con una voz profunda y gutural.

Sebastián temblaba como nunca en su vida, extendió su mano con el cuaderno casi sin pulso y se lo entregó a Mortimer completamente pálido. El hombre sonrió con una mueca tan macabra como irónica y con un refinado movimiento sacó del bolsillo de su saco unos anteojos de lectura redondeados. Se los puso y comenzó a ojear página tras página con delicadeza y sin apuros.
Pasados unos segundos, el extraño levantó la mirada como habiendo olvidado la presencia del joven y sonrió de nuevo.

- “¿Cuánto leíste de esto, pibe?“ – Preguntó en un tono extrañamente amistoso.

- “No… no… no-mucho” – Respondió el joven al borde del colapso.

- “¿Te interesaría conocer tu destino? Estaba justo después de la página que habías terminando de leer… y como fuiste tan prudente, te lo ganaste…” – Lo apremió Mortimer.

- “No, no gra-gracias… prefiero sorprenderme” – Los ojos del joven estaban completamente húmedos.

- “Sos más valiente de lo que pensaba” – Respondió el extraño hombre.

Mortimer le dio un abrazo a Sebastián que caló hasta lo más profundo de sus huesos, sentía como si todo su cuerpo se quemara y a la vez, un profundo frio que le recorría la boca del estómago y le subía por la traquea como si se le escapara el alma.

Ambos caminaron perdiéndose en la niebla hacia quién sabe donde, para siempre.

B.K.

viernes, 16 de junio de 2017

12.- LA VOZ ETERNA


En el ocaso de las civilizaciones, cuando todos los errores estaban hechos por el hombre y ya no quedaba más que destruir, cuando todos los inventos de la humanidad se habían retraído en sus teoremas primitivos como método de salvataje ante el olvido, vivía una comunidad en Oceanía, la última sobre la faz de la tierra.

Los Cthun vivían organizados de manera sumamente precaria, habían retomado la caza y la pesca tras descubrir que no había más tierra que cultivar ni más animales que quisieran doblegarse bajo el dictatorial sesgo del hombre neo-moderno. Comprendieron que nadie les regalaría nada y que Dios si es que alguna vez los había oído, se había cansado de la negligencia del ser humano. Ya no habría un manto protector ni una mano paternal que les acercara el Edén. Habría que sobrevivir, como pudieran.

Dentro de este páramo cultural subsistía un único encargado de transmitir la cultura, similar a un chamán antiguo, llamado Knuq. Se había instruido de sus antepasados a través del testimonio oral. Conocía culturas previas a la suya en un amplio rango de siglos.

Cada vez que Knuq abría la boca todo el pueblo se congregaba en la plaza central y se postraban a sus pies con la mirada atenta y despierta, como cuando los chicos esperan a que sus padres vuelvan del trabajo, suponiendo un regalo. Sin embargo, a pesar de la grandilocuencia del esfuerzo común de los congregados, nadie lograba decodificar ni un solo concepto entre todo el palabrerío del viejo chamán. Habían acordado en secreto no revelárselo, con el temor de que sufriera esta información al punto de morir y con esto se acabara la cultura para siempre.

Aquella tarde el anciano había alertado a toda la comunidad acerca de un mensaje de suma importancia que sentaría precedentes para el futuro de la civilización. Imploró puntualidad y perfecta asistencia al evento, ya que no quería que nadie se mantuviera ajeno al relato.

Una vez que se encontraba todo el pueblo reunido al pie del árbol más antiguo del planeta, de más de 5000 años, Knuq dio comienzo a su narración. Algo en el ambiente insinuaba que aquella no sería una historia más, y cuando comenzó a emitir las primeras palabras todos comprendieron por qué.

El chamán narró la historia de Thar, un hombre perteneciente a la primer civilización conocida de la humanidad. Previa a los sumerios y babilonios, previa a la institución de la escritura como herramienta del recuerdo colectivo. Cuando la tradición oral era lo único realmente infalible y eterno. Y no solo eso, anunció que había logrado comunicarse con él la noche anterior. Comentó que le había transmitido todo el conocimiento del mundo a través de los siglos con una simple imposición de manos, seguida de una luz brillante y cegadora que lo encandiló durante varios segundos. Entonces, fue como si la voz del primer y el último narrador sobre la faz de la tierra se hubieran hecho una sola, perpetuándose en ecos a través de la historia de la humanidad. Rebotando en cada historiador, científico, narrador, y creador de cualquier índole, en forma de inspiración para descubrimientos nuevos.

Ante la mirada incrédula de los espectadores, confesó también que ese conocimiento se le había otorgado debido al advenimiento del ocaso de la cultura, con el fin de salvar todo lo cosechado por el Hombre a lo largo de su historia. Sin embargo y rompiendo con las reglas tácitas impuestas por Thar, éste había optado por transmitir semejante legado a toda su gente, con el fin de quebrar la profecía maldita y pesimista.

Sonrió y levantó la mirada, esperando recorrer un campo de sonrisas, arrullado por un mar de vitores, de su pueblo hambriento de saber. Imaginó, por un segundo, la interminable fila de su gente, ávida de conocimiento. Por el contrario y para su  desgracia, lo único que encontró al levantar la mirada y enfocar sus cansados y viejos ojos en el público fue un sinfín de miradas vacías y aburridas, contemplando a la nada. Segundos después gran parte de la gente que se encontraba allí reunida comenzó a dispersarse hacia sus labores cotidianas. Algunos rearmaron los grupos de caza y encararon para el sur del poblado, donde se encontraba la selva. Otros se dispusieron a recolectar la leña faltante para el magno fogón de cada noche. Incluso, y esto fue lo que más molestó al anciano, logró escuchar un bostezo prolongado y profundo proveniente del fondo.

Arrepentido y consumido por una profunda rabia que le brotaba de los poros y hacía rechinar sus escasos dientes, Knuq proclamó sus últimas palabras antes de desaparecer por el bosque del este y perderse para siempre:

“Iknôt serefh suvan”, que en idioma Cthunés significaría algo así como: “váyanse todos a la puta que los parió”.

Así fue como se cerraron las cortinas de la cultura para siempre.

B.K.

jueves, 15 de junio de 2017

11.- RINCÓN DE OLVIDO


Juraron encontrarse en la esquina de Cabildo y Juramento a las cuatro de la tarde de aquel lunes. Él estaba más nervioso que nunca en su vida, esperando parado en la entrada del Mc Donalds. Se había puesto su mejor saco y planchado el pantalón más elegante que tenía. Consultaba el reloj cada dos segundos preso en la interminable condena del tiempo y los arrebatos del destino.

Se conocieron aquella mañana en la Plaza Las Heras, paseando ambos como todas las mañanas de sus últimos años que no los había encontrado juntos hasta entonces. Sin embargo quebraron aquel momento, ella debía seguir con algunos trámites y él había quedado en encontrarse a almorzar con un amigo de toda la vida.

Juan siempre se había caracterizado por una tenaz puntualidad y aquel día no podía ser la excepción. Luego de los primeros quince minutos de espera empezó a sentir una cosa en el estómago que lo estrangulaba por dentro.

A la media hora, la angustia ya había gobernado su mente y únicamente pensaba en el letargo de aquel encuentro, en la posibilidad de que los caminos que se cruzaron aquella mañana jamás retomaran baldosas en común, ni mañanas de risas.

Jamás en su vida Juan había sentido tanta desolación y desesperación juntas. Las lágrimas querían brotar como de una represa dentro de sus ojos y dejarlo escurrirse eternamente en una masa amorfa sin sentir. Los hombros le pesaban, su boca se había resecado y la respiración se había acelerado como si corriera una carrera contra la vida y la esperanza.

Pasó la primer hora, se despertó la desconfianza y el enojo comenzó a brotarle por los poros. Mónica, qué hija de puta. Gritó de rabia contra monstruos invisibles que no tenían la culpa de nada y abandonó aquella esquina con una furia incontenible, jurándose para si mismo nunca más volver a darle una oportunidad al amor. A sus ochenta y cinco años aquel había sido probablemente su último tren y no había pasado por su estación.

Se resignó a pasar el resto de su vida solo, en su departamento de Las Heras y Pueyrredón. Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, Mónica intentaba recordar qué cosas había ido a comprar al supermercado. Desde hacía unas semanas su memoria había dejado de ser la misma.

B.K.

miércoles, 14 de junio de 2017

10.- ESCRIBA QUIEN ESCRIBA

Sostengo que la narración es parte de algo mayor, sin embargo – aunque los aquí presentes no me crean – aún no puedo demostrarlo. Intentaré hacer el esfuerzo, de todas formas, antes de que me juzguen de loco.

No hay lugar donde esconderse cuando la prosa encandila los ojos con historias ajenas y revienta las venas con un algo que no se sabe que es pero quema como el fuego. No hay excusa ni pretexto con el que negarle un café y una buena charla al espíritu de la narración. Quizás algunos, en un descuido desafortunado, sometan al olvido aquel irrecuperable momento. Probablemente por un imprevisto, quizás no había con que escribir, con que plasmar en el opresivo y despótico papel el sinfín de recovecos transitados. Me atrevo a decir que la mente incluso se duele por la pérdida estéril de la idea malformada.


Pero afortunadamente algunos pocos enjaularon el frágil y salvaje espíritu en un formato palpable para que la llama se propagara en otros tantos. Algunos pocos lograron apresar la fiera indomable de la trama en lo que conformaría la jauría de la literatura. Es en vano y fuera de margen comenzar a citar cazadores célebres. Quizás incluso algunos sean menos conocidos que sus personajes.

En ese punto es donde me quisiera detener si me permiten. El personaje, cuando se crió en cautiverio y con la debida preocupación, trasciende al creador. Para esto es ineludible concederle todo lo que pida. El más mínimo capricho es menester para su sano y prudente desarrollo. De lo contrario, la bestia –ahora bestia- muere o cae en el olvido, que es peor. Una vez que el personaje crece bajo nuestra tutela debemos dejarlo correr libre.

De todas formas, lo realmente relevante aquí es la inspiración. Sin ella el personaje queda encapsulado en una idea triste, entre la lista imaginaria de las compras y el llamado telefónico imperante de las cuatro de la tarde. Esto es realmente lo trágico, que el personaje – que puede comerse el mundo si realmente se desarrolla en el esfuerzo – muera sin pena ni gloria, así sin más.

Probablemente los aquí presentes me juzguen de enfermo, que desvarío. Pero seguramente jamás sintieron la experiencia, ese carbón que quema entre las manos pero que hay que poner a salvo porque no puede tocar el suelo. Sin embargo están a tiempo, escriba quién escriba los personajes aparecerán. Considero que viven en lo que llamamos “inconsciente colectivo” y que basta una mínima voluntad y algo de ingenio para activar sus alarmas y hacer que vengan a nuestra ayuda como bomberos a un incendio. Elijo creer esto, para así hacer de la vida algo un poco menos gris.

Y antes de que me manden al calabozo de los descreídos y me sometan a las inyecciones de olvido y las pastillas mata-memoria, es decir, antes de que me conviertan en un loco al que puedan manejar, déjenme redactar lo que creo correcto y hacer justicia por el relato. Quizás a alguien le sirva de precedente.


B.K.

Un millón de óperas primas

Te invito a ver desde lo alto todo lo que hicimos. ¿Qué opinás, Edrien? Miralo, contemplalo, pero no lo hagas con la mirada humana que todo ...